Restos del primer Convento: 1628 a 1815

                ” Los textos manuscritos contenidos en el “Libro de la Fundación” que se cita en la obra de Felipe Abad y a cuyas trascripciones he tenido acceso, luego, por gentileza del Padre José Miguel Garrido, actual párroco de Nuestra Señora del Carmen en Logroño, constituyen el más cercano y exacto documento a la época y al tema que nos ocupa, dado que son los sucesos que nos trasmiten los diferentes cronistas desde 1628 hasta 1835 sobre la vida del convento. Estos documentos se conservan en el Archivo Silveriano de Burgos como Manuscrito nº 178″.

“La ubicación del convento en tres huertas particulares y otras tres del Cabildo de La Redonda adquiridas por los Carmelitas, entre 1632 y 1637, junto a los muros de la ciudad y a la salida de la “Puerta Nueva de la Herbentia” será la misma ubicación definitiva en el momento de la reconstrucción. El cerramiento efectuado para la huerta y el convento, en esos años, es el mismo sobre el que se levantará, salvo ligerísimas correcciones, la nueva cerca en 1815. El trazado de la Iglesia con sus capillas, entre 1641 y 1652, también parece respetarse, en parte, en el levantamiento de la nueva iglesia en 1818. La noria del huerto y los pozos del patio y del claustro –espacios que se volverán a utilizar- , llegaran a estar en servicio en la segunda etapa del nuevo convento y también lo estará la bodega que se recupera, en parte, de la primera edificación”.

               “Nada habría de quedar de las celdas, el oratorio, la hospedería, el corral, el oficio humilde, la ermita, el pajar, la vivienda de los criados, el horno, la enfermería o la cocina que son algunas de las dependencias e instalaciones que se citan a lo largo de las diferentes crónicas en el “Libro de la Fundación” pero hay que admitir que su simple detalle algo nos aproxima a la posible configuración del antiguo convento”.

 “Hasta 22 tumbas quedan numeradas en los diferentes enterramientos efectuados en la Capilla del Carmen reutilizadas con cierta periodicidad, sin contar con las que se citan repartidas por los diferentes ángulos del claustro y otros espacios de la Iglesia como es el caso de la tumba de Don Bernardo Beltrán, un ilustre notario de la ciudad, benefactor del convento y de su esposa que se sabe que se sitúa en un lugar preeminente en el altar de la Iglesia”.

               “Sabemos que muchos años más tarde de la desaparición de algunos conventos de la ciudad, en labores de labranza o en desescombres para reutilización de los espacios fueron apareciendo distintos restos humanos que confirman que los religiosos no tuvieron tiempo de llevarse a sus muertos. Si bien conocemos que los tres primeros hermanos fallecidos fueron trasladados al nuevo Convento, tal como se cita en las crónicas, nada sabemos sobre el destino de todos los restos de todos aquellos hermanos que fueron enterrados hasta la exclaustración de 1813. De modo que las ruinas del convento, sobre las que va a levantarse en una nueva época en 1815 no dejaron de tener nunca la condición de Campo Santo”.

 Párrafos entresacados de la monografía de Fernando Ramón Blanco Martín : ” El Instituto en las instalaciones del viejo convento” 

Los muros del cerramiento del convento, los de los diferentes tránsitos y los de la Iglesia así como una bodega y tres pozos: el del patio, el de la cocina y el del lavadero serían algunos de los posibles restos del último trazado del convento que pudieran localizarse en diferentes catas arqueológicas.