Vecinos de calle

 Desde 1891, el Instituto ha venido conviviendo en sus alrededores con una serie de personajes  que, impávidos, han asistido al ajetreo constante de nuestro quehacer cotidiano.

images-2 El primero  fue el insigne Práxedes Mateo Sagasta , en cuyo  honor el pueblo riojano erigió una estatua en lo alto de un pedestal situado en los jardines que había  frente a la puerta del primer edificio del Instituto (El antiguo convento “San José” de los Carmelitas Descalzos). Entre 1895 y 1900 se derribaría el viejo convento para construir el nuevo edificio del Instituto quedando el monumento, otra vez, situado frente a la puerta principal del nuevo Centro. Sería en 1937 cuando, efectuándose la remodelación de los citados jardines, la estatua se trasladó hasta la salida del puente de hierro, lugar en el que perdería la cabeza en un atentado político.

 En 1976 la estatua de Sagasta regresaría – restaurada la cabeza porexter07 el artista riojano Jesús Infante– para situarse, esta vez,  en los jardines del lado de poniente y  arropada por una pérgola que, en 2009, fue reformada conservándose allí la estatua del prócer riojano cuyo nombre, después de tantos años de existencia, el Instituto acababa de tomar como suyo. La estatua original es obra del escultor Pablo Gibert.

 En 1947, los reformados jardines que rodeaban el Instituto acogerían a un nuevo vecino: Un niño montado sobre una tortuga  de cuya boca salía un chorro de agua para rellenar el estanque sobre el que se erguía la escultura, obra del artista Joaquín Lucarini. La fuente se situaba, entonces, frente a la puerta del lado de poniente que da a Muro del Carmen.

El niño perdió la cabeza,  el brazo derecho y parte del otro en distintos actos vandálicos, y  el conjunto fue retirado a los almacenes municipales.

nino_tortuga

Habría que esperar a 1970, para tener  dos nuevos vecinos: Una niña llorandoun niño con un botijo.

La primera escultura representa una niña desconsolada al observar comonino-botijo se le rompe su botijo y es obra de Vicente Ochoa de cuya fábrica saldría, también, la otra escultura que forma el niño soplando su flamante botijo rellenando  otro estanque circular en el que se alzababa, situado en el jardín del lado norte, enfrentado al de la niña.  nino_botijo

Ambos vecinos nos abandonaron con las reformas integrales de los alrededores del Instituto acometidas por el Ayuntamiento en 1991. Luego regresaron años mas tarde y ahí siguen en su nuevo emplazamiento pero alternado,  esta vez, sus posiciones respecto a la primera que tuvieron.

zubiaEn 1974 el  Colegio de Farmacéuticos y el propio Ayuntamiento  rendirían homenaje a Ildefonso Zubía  colocando una representación de su cabeza, obra de los escultores Dalmati y Narvaiza  en la parte más próxima a la Glorieta que ya llevaba su nombre desde hacía muchos años. Sería, y sigue siendo, un vecino muy conocido para nosotros; no en vano había sido el primer Catedrático de Historia Natural del Instituto y Director del mismo, en dos períodos diferentes. No se ha escapado esta escultura de la barbarie y alrededor del año 2000 hubo de ser reparada tras sufrir un pequeño “desaguisado”.

En el lado opuesto, de los mismos jardines, el que da a Muro del Carmen, secastroviejo incorporaría, en 1982, el último de los vecinos de los que estamos tratando y que aún continúa con nosotros: El Doctor Ramón Castroviejo. Se trata de una cabeza del popular oftalmólogo riojano, obra del escultor Vicente Ochoa que se realizaría por cuestación popular.

De todas estas esculturas y de todas aquellas que se encuentran  esparcidas por los espacios públicos de la ciudad, Silvía Martínez Moreno – que fué profesora interina del Instituto durante el  curso 2010-2011- hace recuento en un libro editado por el I.E.R. y el Ayuntamiento de Logroño, en 2009,  bajo el título “Escultura pública de Logroño: Catálogo” y del que disponemos de un ejemplar en nuestra Biblioteca.

Una respuesta a “Vecinos de calle

  1. catedradepapel

    A Dios, lo que s de Dios y a Ricardo González, lo suyo.

    No es que hayamos errado en lo dicho, pero tenemos que matizar para no caer en un grave error.

    Cuando decimos que, con las reformas del 2011, regresaron las imágenes de la “Niña y el Niño con sus botijos”, no hemos contado que las imágenes no son las originales de piedra (muy deterioradas cuando fueron retiradas, incluso perdida una de ellas) sino que lo que vuelven son copias exactas del original, en bronce, obra del escultor Ricardo González profesor en la actual Escuela de Arte y Superior de Diseño.

    Todo esto queda muy bien contado en el artículo de larioja.com, publicado el 25 de febrero de 2011

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