Dos años muy intensos

00_peruchaDe mis dos años en el instituto (1971/72 en 6º de bachiller y 1972/73 en COU) guardo un recuero muy grato. La primera sensación al llegar era la del enorme contraste que había entre el instituto y el colegio religioso de donde provenía. Por citar una anécdota, aunque se impartía clase de religión, sin embargo la asistencia a misa no era obligatoria, y quedaba a nuestra elección en las horas de recreo. La sensación de libertad era mucho mayor y también existía más grado de autonomía y responsabilidad para tomar tus propias decisiones.

Recuerdo con especial cariño a mis profesoras de francés, María Piudo con la que hoy mantengo muy buena amistad y Literatura, Eloisa Piudo. Ambas me facilitaron una rápida integración en el Centro, lo que junto con la buena acogida de mis compañeras de clase hizo que en poco tiempo me sintiera una alumna más. Como experiencia muy interesante e innovadora recuerdo las clases con la lectora de conversación de francés, cuya función era la de despertar en nosotras la curiosidad y el interés por la lengua y su país de procedencia.

También vienen a mi memoria otros profesores de los que conservo un especial recuerdo. Miguel Soriano en matemáticas, el matrimonio Manzanares en física y química, Don Servando con su paciencia en las clases de religión, Don Florencio que pasaba las filminas de desnudos con rapidez cuando nos explicaba el arte del Renacimiento, la Srta. Eva, Doña Enriqueta y la profesora de Biología que tanto recordé en mi primer  curso de universidad.

Tuvimos una profesora, de nombre Emma, creo que era gallega, muy joven, a la que sentíamos muy cercana y cómplice, que nos daba la asignatura de Lengua. Ella junto con otro profesor del instituto tuvieron el mérito de acompañarnos a Andalucía de viaje de estudios.

Del edificio recuerdo su impresionante escalera, sus techos altos, sus vestíbulos, sus grandes pasillos, las amplias vitrinas con su valorable colección de fósiles, animales disecados, huesos, etc, los laboratorios, la biblioteca donde pasábamos tantas horas de estudio, la sala de profesores y el salón de actos donde cada año se entregaba un libro a las tres mejores alumnas de cada curso. Y no quiero dejar de mencionar a Hilario, el bedel del Centro.

En fin, nunca podré olvidar el “insti”. Fueron solo dos años, pero intensos y de una enorme riqueza y es justo reconocer que parte de lo que soy actualmente se lo debo al tiempo allí pasado y a las enseñanzas recibidas.

(Publicado en “Personas y Personajes”. Logroño 2002. Páginas  116 y 117. Apartado dedicado a Milagros Perucha González)

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