En la presentación del libro “Instituto Sagasta de Logroño- 25 años de historia”

La Presentación del libro que hoy nos ocupa se hace en el contexto de dos conmemoraciones bien diferentes: la celebración de los 150 años de la creación de la Biblioteca del Instituto Provincial de Logroño y la celebración de los cien años de ocupación de los locales, que hoy nos dan cobijo, por parte del Instituto General y Técnico, así denominado entonces.

 Probablemente, el único merito que hoy me coloca en este tribuna y en este acto sea el de ser un tenaz curioso de nuestro pasado, pues hace ahora cinco años que llevo dedicado a la tarea de reunir cuantas noticias encuentro que hagan referencia a la Historia de este Instituto.

 Principalmente me he dedicado a conocer la Historia de nuestra Biblioteca -dependencia que ya se cita en el libro que hoy se presenta y en la que sirvo como profesor/bibliotecario- pero he de confesar que esta tarea me ha llevado por los derroteros mas insospechados. Así, debo decir que he empleado un tiempo en la recreación de la historia de la Cátedra y Gabinete de Historia Natural en las épocas del Doctor Zubía y de Don Joaquín Elizalde -dependencias a las que también se refiere Don Florencio en su publicación- como también lo he dedicado en el estudio de la formación del Museo Histórico, Arqueológico y Artístico de este Instituto -que fue embrión del actual Museo Provincial- o en la reconstrucción -mas o menos detallada- de los inventarios de los fondos de la Biblioteca, o en el detalle de la edificación y ubicación de las diferentes instalaciones y dependencias a lo largo de tan extensa vida.

 He llegado a reunir un buen número de noticias  recogidas del fondo del Archivo del Instituto -hoy mayormente depositado en el Archivo Histórico Provincial, y de otros fondos, relacionados con estas historias, encontrados en el Instituto de Estudios Riojanos, en La Biblioteca Publica, en el Museo Provincial, o en el Archivo Municipal.

 Este supuesto bagaje de conocimientos es el que creo, como digo, me ha servido para ser invitado por la Dirección del Instituto a compartir hoy con ustedes algunas de las noticias que conozco relacionadas con las dos celebraciones que se proclaman.

 El Instituto que recrea Don Florencio en su libro, se sitúa – desde  el curso 1843/44- en los locales del antiguo convento de los Padres Carmelitas Descalzos y en el permanecerá a lo largo de los 25 años que abarca el estudio.

 Los primeros rumores de su traslado  son de 1846 -apenas tres años mas tarde de su nacimiento-, pero desde la propia Dirección del Centro se informa que es muy conveniente su mantenimiento por la céntrica ubicación del mismo, aunque para ello sea preciso realizar una inversión de cerca de 20.000 reales  para la adecuación de aquellos locales, en los que la Diputación Provincial y el Ayuntamiento ya habían invertido otros doce mil desde la incorporación del Instituto Riojano -precedente inmediato del Instituto- desde finales de 1839.

 Don Florencio data la creación de la Biblioteca del Instituto en la década de los año 50, del siglo XIX. Ahora estamos en disposición de concretar aun mas. Efectivamente entre las obras que se presupuestan con esos 20.000 reales, que el Ministerio destina para la adecuación de los locales del ex-convento, se cita la construcción de una Biblioteca; pero esta no se encuentra entre las obras recibidas -dos años mas tarde- por el Director del Instituto, Don Julián Orodea.

 Tal como detalla el arquitecto Don Ildefonso Santiago Palomares -autor del proyecto de construcción de la Biblioteca, redactado el 13 de julio de 1850- se requería de la ejecución de otras dos obras para que pudiese llevarse esta a efecto. Se trataba de hacer una entrada independiente a la Escuelas de la Ciudad -por el punto que antes se denominaba de la seda- y de construir en la planta baja unos nuevos Comunes para el Instituto -junto a los Comunes de las Escuelas- dado que el lugar que ocupaban los  del Instituto -en la segunda planta- era el escogido para situar la nueva Dependencia que se proyectaba.

 Las obras iban a depender de dos organismos diferentes y era necesario esperar a que estos se hiciesen cargo de las distintas cantidades. El Ayuntamiento de Logroño ya tenia partida reservada para las obras que afectaban a las Escuelas de la Ciudad y el Estado aprobó las obras de la Biblioteca en Orden de la Regencia de 6 de Agosto de 1850 comprometiendo a la Comisión Provincial de Monumentos al costeo de 3.000 reales de los 3.972 en que estaban presupuestadas.

 Adjudicada la obra a Don Félix Ayala este hizo el remate de la misma en Marzo de 1851 y en ese mismo mes se hizo la recepción definitiva. Es cierto que en los primeros años cincuenta se completo la formación de la nueva Dependencia con diversos hechos -que también relata Don Florencio en su trabajo- tales como: la incorporación de los fondos bibliográficos por parte de la Comisión de Monumento -hasta 1852- la formación del Primer Indice -en 1853- y el nombramiento del primer profesor/bibliotecario, en la persona del catedrático Don Antonio Oses Irisarri -en julio de 1853- sin embargo, es exactamente el curso 1850/51 -por abarcar así tanto la fecha de la Orden Ministerial de su aprobación como la fecha de finalización de las obras- el que nos da pie para la celebración que ahora se proclama.

 Debo añadir que durante casi 50 años, la Biblioteca Particular del Instituto Provincial de Logroño -que así se llamo en un principio- reunía, en cumplimiento de la normativa vigente, a la Biblioteca Provincial, que no tuvo vida independiente de aquella hasta enero de 1896. Se podría decir, por tanto, que el centenario de la Biblioteca Publica Central -heredera de la Provincial- ya cumplió en 1996 -si nos atenemos a su nacimiento de forma independiente- pero yo creo que es ahora cuando debería celebrarse el 150 Aniversario de las Bibliotecas del Instituto: el de la Particular y el de la Provincial, porque ambas convivieron virtualmente desde 1851; dato que dejo aquí para la reflexión de todos ustedes.

 En cuanto al nuevo edificio, es obvio que en la investigación de Don Florencio no encontremos referencias. La primera de las noticias que tenemos de la intención real de construcción de uno nuevo se remonta al curso 1886/87. En un claustro de profesores, celebrado en mayo de 1887, Don Luis Moreno Bustamante -entonces Director del Centro- advirtió del inminente paso de los Institutos al sostenimiento del Estado y del acuerdo de la Diputación Provincial y del Gobierno de Su Majestad de la construcción de un nuevo edificio para Instituto y para oficinas del Estado.

 Los Institutos si pasaron a depender del Estado, pero en cuanto a lo del nuevo edificio hubo que esperar a que el Ayuntamiento -en el curso 1892/93 y por indicación de Don Amos Salvador-  decidiera en sesión ordinaria enviar instancia al Ministerio de Fomento para la aprobación del expediente de construcción del mismo.

 En el curso 1893/94 el Ayuntamiento solicitó del Claustro de Profesores un estudio real de las necesidades y se encargaron los proyectos al arquitecto municipal Don Luis Barrón. En enero de 1895, Don Joaquín López Puigcerver -Ministro de Fomento- aprobó el proyecto, valorado en 433.392’20 pesetas, y este se adjudica para su construcción a Don Isidro Bergasa.

 En Abril de 1895 se inicia el derribo del viejo convento y las clases se suspenden a primeros de Mayo pasando el Instituto a instalarse, provisionalmente, en los locales propiedad del Marques de Legarda, en el numero 13 de la calle Barriocepo -hoy colegio de arquitectos- donde permaneció a lo largo de cinco cursos consecutivos.

 Las obras avanzaban con rapidez: en el curso 1895/96 estába terminado el cuerpo principal y uno de los laterales, hallándose en disposición de recibir el tejado; en el curso 1896/97 se celebró la Exposición Regional de Agricultura, Industria y Artes y se decía que era muy posible que la inauguración se pudiera  hacer en el curso 1898/99, pero la recepción definitiva de las obras debió de esperar hasta finales de julio de 1900.

 El 14 de septiembre de ese año -1900- Don Antonio Jimeno Caridad -Director del Instituto entonces- tomó posesión de la parte del edificio que le correspondía al Centro ocupando parte de la planta baja y de este primer piso, teniendo la entrada por la puerta principal.

 La inclusión, muy a última hora, de la Escuela Elemental de Artes y Oficios y del Museo de Reproducciones Artísticas, entre las dependencias que iban a compartir el Edificio con los estudios de Bachiller, Magisterio y Agricultura, ademas de unas Escuelas Primarias anexas y la Biblioteca Provincial -independiente desde 1896 como ya hemos visto- motivó una serie de cambios en el proyecto original.

 Así, por ejemplo, este Salón estaba destinado en origen a Biblioteca Provincial, y esta  pasó a situarse -en esta misma planta- en la parte hoy da a Duquesa de la Victoria y el Museo de Reproducciones Artísticas ocupó el lugar destinado en origen para Salón de Actos -en este ala norte- justo detrás de ustedes, después del vestíbulo que serviría de distribuidor a este Salón y al propio Museo y que hoy se utiliza como Sala de Profesores.

 En el ala este -la que da a la Glorieta de Zubia- se situaron la Biblioteca Particular del Instituto, la Secretaria, la Dirección del Centro y dos Cátedras; en el ala sur -la que da a Duquesa de la Victoria- a continuación de la Biblioteca Provincial, se situaron el Laboratorio y las Cátedras y Gabinetes de Historia Natural y de Física y Química; en el ala de poniente -la que da a Muro del Carmen- dos Cátedras mas y una Sala de Profesores que fue utilizada provisionalmente como aula de Dibujo.

En el ático se acomodaron las habitaciones del Director y del Conserje y también un Observatorio Meteorológico quedando, en la planta baja -a la izquierda del vestíbulo- la Conserjería, el Archivo, el Gimnasio y los Servicios Higiénicos. El alumbrado era de gas, la calefacción por medio de estufas y de agua se disponía a caño libre.

 Todo quedaba, así, dispuesto para la inauguración del curso 1900/1901 que se hizo en este mismo Salón el 14 de Octubre, con la lectura de la Memoria del Curso 1899/1900, leída por Don Roque Cillero  Plágaro, catedrático de Latín y Secretario del Instituto.

 Estas son, someramente, las noticias que yo conozco que pueden documentar las dos conmemoraciones que se citan. A partir de estas vendrían las que conforman la verdadera Historia de las Bibliotecas del Instituto y la del Edificio que nos cobija, pero esto ni cabe en mi turno de palabra, ni era el motivo de mi colaboración en este acto. Quedémonos pues con un aperitivo sabroso: “El Instituto Sagasta de Logroño. 25 años de Historia”, estudio realizado por Don Florencio Ramírez Ochagavia, citado en varias publicaciones de historia local, conocido, por  historiadores, compañeros y curiosos – como yo mismo-  pero desconocido para el gran público al que ahora se presenta.

Fernando Ramón Blanco Martín
Profesor/Bibliotecario

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